Las ciudades ante el reto de transformarse en “inteligentes”  

Centro de Operaciones integral de la Ciudad de Rio de Janeiro, Brasil. Crédito de la imagen: CO-PRJ.

Todos sabemos que las ciudades son los elementos constitutivos fundamentales de nuestras sociedades. A través de la historia, las mismas han desempeñado roles diversos como centros de innovación, educación y civilización, favoreciendo la interacción social, relevante para el progreso de la humanidad en su conjunto.

Estar mejor preparados ante eventuales crisis

Precisamente, la antes mencionada interacción necesita reinventarse para afrontar la actual situación sanitaria global. Las urbes tienen la oportunidad de emprender el trayecto de transformación hacia una ciudad con más “inteligencia”, o sea, transformarse en ciudades inteligentes (CI).

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Una definición clara de este concepto, es la de una comunidad eficiente en la gestión transparente de sus recursos, habitable y sostenible: tres aspectos, que están intrínsecamente ligados.

Las ciudades inteligentes no deben verse como ciudades del futuro: son las ciudades del presente.  Hacia finales de la década actual, varias tecnologías indispensables para una ciudad inteligente, como las de monitoreo y sensores, los sistemas de tránsito inteligente y de gestión energética de los edificios, estarán implementadas en todos los continentes.

Los desafíos como los beneficios son variados: mayor protección del medio ambiente y de los sistemas en general, contribuir a la equidad social como resultado de la generación, por ejemplo, de un acceso universal a los servicios públicos de una ciudad, transparencia del gasto público, entre otros.

También salvar vidas, dado que la mejora de los sistemas, posibilita un acceso más inmediato a los servicios de emergencias. De esta manera, las ciudades se encuentran más sólidas para responder a las crisis. La preparación para hacer frente a peligros se ve fortalecida; el restablecimiento de los servicios urbanos, tras una interrupción posterior a un desastre, es más rápida.

Por otro lado, se generan nuevas zonas económicas, que impulsan el crecimiento y la prosperidad, mediante la instalación de empresas de tecnología y de servicios.

Tales mejoras no son privativas de las comunidades modernas. Si se definen planes, calendarios, así como vectores de financiamiento realistas y mensurables, casi cualquier ciudad puede llegar a tener una infraestructura más inteligente y proactiva.

Los diferentes sistemas de los servicios de una ciudad como los servicios de agua, gas, electricidad, transporte, respuesta a emergencias, edificios, hospitales y servicios públicos, siempre han sido independientes y operando en compartimentos separados entre sí.

En el modelo de ciudad verdaderamente eficiente, se requiere la optimización del rendimiento de cada sistema y la gestión integral de todos los sistemas. A modo de ejemplo, a través de un centro unificado de operaciones, es posible adecuar las prioridades de inversión y de maximizar el valor de las mismas.

Medir para conocer, conocer para decidir

Disponer de esas herramientas de ”tecnología aplicada”, nos permite estar preparados para enfrentar situaciones de urgencia, como la actual, de la cual saldremos con muchas lecciones aprendidas, y sin duda, con oportunidades para mejorar.

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